El cambio
Se acabó. Lo siento. Yo ya no soy yo. Fuera. El mundo tendrá que oír mi voz, no importa que el verano esté acabando, no importa que ya pasó todo lo bueno, no importa que empiece a hacer frío, ni que alguna cana blanca tiña mi pelo. No importa que el sudor cubra mi cuerpo. No importa que una risa ingrata desmañada y embustera asome en tu jeta macilenta, no importa que tenga mucho miedo. Mañana saldré y me pelearé contigo. Y tú me oirás. Ya estoy cansado de guardar silencio. Ya estoy cansado de ser un rincón en una habitación revuelta de recuerdos, ya estoy cansado de guardar sueños. Y a pesar de mi cansancio de siglos infinitos acumulados, a pesar del miedo, a pesar del fatal destino, a pesar de tu mirada compasiva y extraña, a pesar de eso , iré a buscarte. No te he de encontrar a ti, ni a ti, pero al menos me encontraré a mí en el camino. Y morirme siendo yo mismo y no de hastío en un rincón sombrío sin ventana y mirarte desde arriba con orgullo y temblar cuando te vea, pero lucharé hasta envolverme en el manto de la vida, esa que escapa con el tiempo yendo siempre hacia delante y construyendo compañeras sentimentales de carne y hueso y no de sueños, no de sueños.
Y me haré caminante de ciudades, de asfaltos que abrasan los pies, de garitos de neones, de músicas inaudibles , de mujeres de la calle con vestidos de lunares y risas infernales, de carnes trémulas mil veces manoseadas y asqueadas de tanto ser extraño insatisfecho de su ego masculino y brujulearé de puerta de bareto en bareto de mala muerte y escupiré mi rabia sobre el alféizar de la barra pidiendo una copa de más hasta que mi hígado no aguante y gritaré mi soledad en la noche y patearé tu puerta y golpearé con ira mi pecho desalmado inundando mi estúpida bomba roja en borbotones cuajados de hemoglobina para comprobar si realmente aun no se ha parado y abriré con un cuchillo mi costillas y destilaré el alcohol de mis venas para contar si es cierto que tengo taitantos glóbulos blancos. Pero no dejaré pasar de largo otra vez el autobús del 39, no lo haré.
Y quizá un día te encuentre.
Y me haré caminante de ciudades, de asfaltos que abrasan los pies, de garitos de neones, de músicas inaudibles , de mujeres de la calle con vestidos de lunares y risas infernales, de carnes trémulas mil veces manoseadas y asqueadas de tanto ser extraño insatisfecho de su ego masculino y brujulearé de puerta de bareto en bareto de mala muerte y escupiré mi rabia sobre el alféizar de la barra pidiendo una copa de más hasta que mi hígado no aguante y gritaré mi soledad en la noche y patearé tu puerta y golpearé con ira mi pecho desalmado inundando mi estúpida bomba roja en borbotones cuajados de hemoglobina para comprobar si realmente aun no se ha parado y abriré con un cuchillo mi costillas y destilaré el alcohol de mis venas para contar si es cierto que tengo taitantos glóbulos blancos. Pero no dejaré pasar de largo otra vez el autobús del 39, no lo haré.
Y quizá un día te encuentre.
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